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Con Manolo Gaspar y Luque (José Juan, no Albert) incorporados al trabajo del equipo en Benahavís, al Málaga se le está enquistando una llegada que parecía sencilla hace algunas semanas, pero que va camino de desembocar en una crisis institucional. Se trata de Miguel Ángel, futbolista de Sabadell que volverá hacer sonar las canciones de Estopa en el vestuario blanquiazul, y tiene el privilegio de haber marcado el mejor gol de la última década en La Rosaleda.
El centrocampista ya jugó la pasada campaña junto a Manolo Gaspar en el Levante, y su predisposición para aterrizar de nuevo en la Costa del Sol es máxima. También lo es para el equipo de Tapia, que busca en Miguel Ángel al sustituto de Santi Carpintero como pivote defensivo. El problema nace del equipo que posee los derechos del fubolista: un Real Betis que no cuenta con él, pero que tampoco sopesa la posibilidad de dejarle marchar de rositas.
Miguel Ángel emprendió rumbo a Heliópolis en verano de 2006, aunque una grave lesión de rodilla mermaría su estancia en Las Palmeras. Además de sus problemas físicos, en sólo dos años el Betis fue incrementando su nómina de centrocampistas con nombres como Rivera, Assunçao, Vogel, Wagner o Mark González que, sumados a los que ya tenía, dejaban a Miguel Ángel sin ninguna opción de participar del juego del equipo. Además, este año el conjunto verdiblanco ha reforzado más si cabe su medular con el fichaje de Mehmet Aurelio, con lo que el destino de Miguel Ángel está forzosamente lejos del Betis.
En cualquier club normal, cuando existe overbooking en una determinada posición del campo, la dirección deportiva y la presidencia otorgan la carta de libertad a aquellos jugadores con los que el mister no cuenta -en este caso, Miguel Ángel-. Pero el Betis no es un club normal. La entidad de Las Palmeras se encuentra bajo el yugo infalible de Manuel Ruiz de Lopera: un cordobés que forjó su actual fortuna a base de conceder préstamos (ya sabes, de estos de “o pagas, o atente a las consecuencias”), y que a día de hoy es el consejero delegado del conjunto de las trece franjas verdes.
Como buen hombre de negocios, Lopera no concibe la idea de dejar escapar algo por lo que hace tiempo invirtió dinero, por más que aquello que comprase en su día se vea abocado a coger polvo en un desván. Y por ello, Lopera no concede la carta de libertad a un jugador que no entra en los planes deportivos de la entidad.
Y no quisiera despedirme por hoy sin hacer una valoración -totalmente subjetiva- de ciertos sectores de la afición bética. Me refiero a aquellos aficionados que se concentran en la calle Jabugo para pedir la bandeja del consejero delegado en una bandeja de plata. Curiosamente, son los mismos que hace sólo tres temporadas pedían incansablemente la beatificación de Don Manué. Por aquel entonces, el Betis se proclamaba campeón de Copa justo el año en que el Sevilla celebraba su centenario, claro que las cosas han cambiado… Esos béticos han sufrido el efecto boomerang más acusado en el centenario del conjunto de Heliópolis, y han tenido que aguantar la sorna de unos palanganas que se han ganado un puesto entre los mejores de Europa por méritos propios. Ahora Lopera ha pasado de héroe a villano. Lo que hacen los resultados…
Poco a poco, la plantilla del nuevo Málaga va tomando forma. Y lo hace con las llegadas de futbolistas con un perfil claramente marcado: jugadores que ya saben lo que es jugar en Primera, pero ante todo, que sienten el escudo que lucen en su pecho. Y Tapia ya cuenta con otro hombre que cumple a las claras con este perfil: Manolo Gaspar.
Aunque por sus características de juego difícilmente se le pueda etiquetar como galáctico -ese término maldito en el deporte-, Manolo cumple de sobra con lo que el Málaga espera de él. Este paleño de 27 años, tatuado hasta las cejas en su potente físico, está llamado a ser el relevo natural de un Jesús Gámez que podría explotar corriendo la banda de los mejores estadios de Primera. Tras pasar un auténtico calvario en el Levante, este lateral diestro regresa a casa, donde ya militó a las órdenes de Tapia durante la etapa dorada del filial malaguista.
Manolo Gaspar viene a exprimirse con la elástica blanquiazul, y buena prueba de ello es que ha firmado por una sóla temporada (el club le ofrecía un contrato por dos años, más uno opcional). Según el propio lateral, lo ha hecho “para tener la cabeza exclusivamente centrada en esta campaña”. Y no todo es dinero en el fútbol moderno, porque la posibilidad de estar cerca de los suyos ha sido un factor clave para que Manolo vuelva a su tierra.
Su padre se enfrenta en estos momentos al partido más difícil de su vida. Y seguro que lo va a ganar, y en ello va a contribuir el poder ver al pequeño Manolo luchando en el estadio de su tierra, La Rosaleda.
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Hay que reconocerlo. A veces -tal vez fruto de la casualidad-, mi amigo Antonio Campos atina con sus descripciones. Y la de “un tipo normal vestido de futbolista” es, sin duda, la que mejor se adapta a Santi Carpintero. El nuevo futbolista del Córdoba ha dejado huella en su breve paso por el Málaga, algo que sólo ocurre cuando se marcha una persona auténtica, como Carpin.
Los malaguistas han tenido la suerte de ver su confirmación como el jugador más regular de la plantilla que devolvió a su equipo a la élite. Pero otros privilegiados hemos podido además comprobar que Santi Carpintero es aún mejor persona que futbolista.
Carpin no es el típico futbolista que responde con tópicos a todas tus preguntas. Él, con ese acento leonés cargado de sarcasmo y un punto de chulería, dice lo que piensa -aunque sus pensamientos sean políticamente incorrectos-. Tal vez influya en ello el haber sufrido durante ocho meses la ‘ley del silencio’ impuesta por Piterman (Carpintero le llama Piter Pan) sobre el vestuario del Alavés.
En cualquier caso, una decisión personal de Antonio Tapia dejaba al centrocampista leonés fuera de los planes malaguistas en su regreso a la élite. Y Carpintero se fue dando una nueva lección de honestidad y madurez: lejos de resistirse a dejar el club para seguir cobrando el año que le restaba, Carpin rescindió su contrato y se buscó él solito un nuevo destino.
Los cordobeses están de enhorabuena al poder verle sobre el piso del Arcángel, pero sobretodo, por disfrutar de su personalidad. Que tengas suerte, Carpin, aunque no la necesites
Ni el mejor Ronaldinho se libró de su capacidad robando balones
PD: De regalo, el reportaje realizado el día de su despedida por Antonio Campos en Punto Radio Málaga
