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Antes de entrar materia me gustaría disculparme ante vosotros por no poder actualizar diariamente este espacio, pero el ajetreo del verano -y no precisamente por las vacaciones- me impide a veces sacar tiempo de donde no lo hay.
Una vez antepuestas mis disculpas, me gustaría hablaros de algunas oscuras tramas que pasan desapercibidas para el aficionado que paga una entrada para ver un partido de fútbol -ya que, si lo supieran probablemente dejarían de invertir un sólo euro en este negocio-. Que el fútbol ha dejado de ser un simple juego en el que “lo importante es participar” es por todos conocido, pero no es menos cierto que en las catacumbas de este deporte se mueven ciertas ratas que desvirtúan su profesión.
Aunque vistan de Armani y conduzcan un deportivo, algunos representantes de futbolistas actúan como si el mundo fuera a acabar mañana y se vieran obligados a estafar para llevarse algo que comer a la boca. La avaricia y el dinero fácil llevan a muchos de ellos a tragarse su dignidad y jugar de la forma más vil con los sueños de los aficionados más incondicionales: chantajeando a clubes o, directamente, amañando partidos.
El último de estos engendros en ser desenmascarado se llama José González. Este individuo, que la temporada pasada corría por La Rosaleda a sus anchas (merced a su buena relación con Muñiz) ha puesto precio a su asquerosa reputación: 150.000 euros. Por esa cantidad, el ex agente FIFA (se le retiró recientemente su licencia por impagos) apuñaló por la espalda al Málaga al denunciar ante la Federación una presunta compra del partido Sevilla Atlético-Málaga por parte de Lorenzo Sanz.
El ex presidente del Madrid (y padre de Fernando Sanz) no tiene ninguna vinculación jurídica con el Málaga, pero eso da igual. Orquestado por Badiola (presidente de la Real Sociedad), José González ha manchado el nombre del conjunto malagueño -aunque el Comité de Competición haya desestimado la denuncia-. Y lo ha hecho sólo por el vil metal.
Aún así, que no se haya demostrado el amaño del Sevilla Atlético-Málaga no debe enmascarar que la compra de partidos y futbolistas está a la orden del día. Una compra-venta que en Italia conocen muy bien gracias al caso Moggi o la vinculación de la Camorra con el calcio, y que (espero equivocarme) no tardará en aparecer en nuestro fútbol.
Pero aún queda gente honrada en esta jungla. Mikel Roteta dejó la representación de futbolistas tras la traición de Gaizka Saizar y comprobar en primera persona algunos asuntos turbios. Otros, como José González, venderían a su madre por un puñado de euros.
PD: No tiene nada que ver con el fútbol, pero me gustaría aclara que de pesetero nada. En la recta final de su carrera le ofrecen un millón y medio de pesetas libres de impuestos al día. Y ahora dime que tú rechazarías una oferta como esa…
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